¿Eran inevitables e imprevisibles el brote en China y la propagación mundial del COVID-19? La humanidad se acostumbra a vivir como si nunca fuese a ocurrir nada. Lo afirmó Keynes para indicar cómo estalló inesperadamente la Primera Guerra Mundial y profetizar la II Guerra edificada por las impagables reparaciones de guerra que impusieran los aliados Reino Unido y Francia al eje liderado por el Imperio Alemán del Segundo Reich. Así, la imprevisibilidad de los cambios bruscos en la historia suele estar acompañada de pronósticos no escuchados y de las sentencias fatales de los hechos.

Aquella costosísima y propiciada II Guerra, esta epidemia global y muchas conflagraciones o desastres, son complejas experiencias humanas, que justifican reclamar el mejoramiento efectivo de mecanismos, acuerdos y planes que reduzcan al máximo estos errores humanos. Parte de ellos es la capacidad de sensibilizar y responder a tendencias y advertencias que pululan en las redes sociales y en mesas de acuerdos y desacuerdos. Y hubo sordera aquí. Hasta de un influencer muy lejano a estos temas como Bill Gates, no logró abrir puertas a la anticipación de la pandemia, aunque lo advirtió.

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¿Cuál es el escarmiento y qué debe hacerse? En el caso de la pandemia COVID-19, es apremiante revisar a fondo las amenazas y debilidades de procesos ligados a proyectos y políticas vitales de desarrollo y bienestar, para minimizar riesgos en medio de esta revolución tecnológica, que tantas herramientas científicas y productivas nos brinda. Una superpoblación de instituciones y acuerdos internacionales activas, así como sus socios encarnados en países que juegan constantemente a la geopolítica y la firma de protocolos y convenios sobre todo lo humano y lo divino, debe cambiar mucho y hacer más efectiva y previsiva esta comunidad planetaria. Quizás hace falta una biopolítica que module las apetencias, a veces desmesuradas de la geopolítica, y arrime las expectativas y costumbres nacionales a la defensa de la vida y a equilibrios de mayor trascendencia.

¿Qué esta pasando y qué viene ahora? Y claro, a posteriori, pero aún a tiempo, sí están ocurriendo numerosos y muy importantes cambios que afectarán estilos de vida, estructura productiva y financiera y paradigmas culturales y científicos. Las medidas de cuarentena y sus efectos en la economía global, nacional y personal, brotan con prontitud y abismal severidad en nuestra aldea global. La paralización en cascada de un extenso conjunto de actividades productivas va de la mano de las noticias y cuidados que demanda el coronavirus y agrega sus efectos a la incertidumbre y preocupaciones de ciudadanos y gobiernos, con la misma fuerza. Este shock de origen sanitario surge cuando ya sentían los efectos de una disminución del crecimiento de China en los precios del petróleo y en el comercio y crecimiento económico de las principales economías de Asia, Europa y América, desde fines del año anterior.

El impacto económico del temido coronavirus: ¿debemos preocuparnos?

En este momento resulta difícil pronosticar la duración y alcance de este quiebre profundo de la normalidad económica global y de la salud de la población en un creciente número de países. Otra evidencia es que no se trata de un crack del 29 o de un sobrecalentamiento del crecimiento o de un crash financiero. La tendencia dominante es que China y Estados Unidos marcarán la pauta y sus convergencias definirán el futuro, viralmente.

La certidumbre es válida en cuanto a que la incipiente recesión se intensifica, en virtud de la pandemia, ya evidente en indicadores y noticias y reconocida oficialmente por la OMS. Sus impactos en el empleo y la producción, en el sistema financiero y en las economías gubernamentales, modifican radicalmente planes, políticas y proyectos empresariales y personales. La película va hacia un clímax de medidas que en el corto plazo privilegian la lucha por rescatar vidas, derrotando al virus y fortaleciendo la distribución de alimentos, medicinas y servicios. En el mediano plazo, se armará una suerte de postguerra, cuyos alcances implicarán una modificación de las políticas de crecimiento, bienestar, distribución del ingreso, consumo y sistemas financiero, fiscal y monetario. Una nueva economía, que los hechos están forzando a nacer. Una larga cesárea, que como en el choque de trenes del cuento, impone llamar a María.

*José Serna es coordinador del Sector Economía y Empresas. VenAmérica

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