“Arturito Nº 342” uno de los tantos robots invasores, giró sobre sus propios talones, oteó el horizonte y con un vozarrón desproporcionado para sus dimensiones de androide, muy pequeño, emitió una orden que retumbó varios kilómetros a la redonda:
Cuando los lanchones rebosantes de tal escoria, fondearon en Vladivostok, el más septentrional puerto marítimo siberiano, las autoridades rusas, recibieron a los fugitivos muy amorosamente
“Arturito Nº 342” uno de los tantos robots invasores, giró sobre sus propios talones, oteó el horizonte y con un vozarrón desproporcionado para sus dimensiones de androide, muy pequeño, emitió una orden que retumbó varios kilómetros a la redonda:
—¡Eh! ¡Usted! ¡El que está trasegando lingotes de oro de la bóvedas del Banco Central de Venezuela! ¡Sí, es con usted! Tiene 30 segundos, para que renuncie al botín, salga de la bóveda, la cierre y se presente a obedecer mis órdenes: 30, 29, 28…
Como el asaltante de lingotes, se hizo el sordo o el desentendido de tal cuenta regresiva, “Arturito Nº 342” hizo estallar en todo el centro de la avenida contigua a la sede, del citado banco, una bomba antibúnker, GBU-57A/B.
—La que acabo de detonar de manera quirúrgica —otra vez se escuchó la ensordecedora voz del “Arturito Nº 342”— fue una advertencia. Pero si usted, no se presenta en 15 segundos, a obedecer mis instrucciones, la próxima GBU-57/B, se la voy a reventar en su pleno cogote: 15, 14, 13…
A los 0:00:13 segundos de esa nueva cuenta regresiva, un sujeto de ojos verde claros, regordete, cual cochinito congo, voló, literalmente, ante “Arturito Nº 342”, se le cuadró marcialmente, mientras vociferaba, el muy sumiso, “¡Atención, firrrr, mi general en jefe, señor, “dotol”, don Arturito Nº 342”!
La anterior escena, se repitió, varias veces, copiada casi al carbón, aunque con diferentes protagonistas.
Una, al frente de un hotelito de sábanas calientes, de los alrededores de la Avenida Libertador, Caracas:
—-Todos los ocupantes del cuarto tres, pueden continuar su orgía —esta vez, el del vozarrón era otro “Arturito”, el Nº 1.248—- a excepción del organizador de ese “Ballet Rosado” y altísimo funcionario de la RoboLución, quien tiene 30 segundos para presentarse y acatar mis órdenes, y sin chistar 30, 29, 28….
Por hoy, concluimos con el, quizás, más elocuente de toda esta cadena de episodios. No fue necesario que el tercer “Arturito” (el Nº 10.534) se movilizase hasta el Palacio de Miraflores. Sus sensores ultra potentes ubicaron su objetivo, en el búnker anti bombas atómicas, enclavado a medio kilómetro de profundidad en el lecho de la charca más pestilente del río Guaire:
—-Son las 11:00 de la mañana ¡Hora de levantarse, zopenco holgazán! No me obligue a sacarlo de su madriguera, cual ciertas roedoras muy repugnantes ¡Diríjase de inmediato al embarcadero de La Guaira a abordar, junto a todos sus compinches, las barcazas que los llevarán a puerto seguro!
Cuando los lanchones rebosantes de tal escoria, fondearon en Vladivostok, el más septentrional puerto marítimo siberiano, las autoridades rusas, recibieron a los fugitivos muy amorosamente. A los menos proletarios les asignaron las “elevadas tareas” de conejillos de indias en los experimentos para repotenciar los efectos del Novichok y del Té de Polonio ya los más proletarios, los pusieron a la orden del departamento de donantes involuntarios de órganos, en vida y sin anestesia.
¿Recuerdan los lectores la frase de Filippo Di Sforza, contemporáneo de Maquiavelo: “El veneno es el puñal de las mujerzuelas y de los cobardes”? Entenderán, por qué Vladimir Putit, connotado envenenador se apuntó de primero en la lista como el más necesitado de un par de bls ...---corrijo--- “criadillas” de varón, no como las que porta.
En cuanto a los mil millonarios de tal avanzada, en pocos meses dejarán de serlo, debido a las vacunas de su generoso anfitrión y por ende, someterse al trato de arruinados.
¿Fue míster Trump, dirigiendo, en persona, desde la Sala Oval, los hilos de la conspiración de los susodichos autómatas? ¿Fue González Urrutia o María Corina? O lo más probable, los causantes del derrocamiento ¿Fueron los propios chavistas, maduristas, helenistas, sinaloistas, cartelistas del Sol, en venganza por la mala distribución de los botines?
Los acontecimientos, están en pleno desarrollo. Es prematura cualquier conclusión definitiva.
@omarestacio