La contrainteligencia de la narcocleptocracia que secuestra Venezuela acaba de denunciar el XCVIII intento de magnicidio, sumados los planificados contra el llamado “!Gigante!” y contra el enano, moral y mental que lo sucedió. Algo ha olido mal en la Dinamarca de tal tipo de atentados. Las intentonas de enviarlos al otro Mundo les alebresta las venas represoras a los sátrapas, les tonifica sus liderazgos alicaídos –si es que alguna vez los tuvieron– pero sobre todo, le masajea el ego: “¿Gafo, yo? ¿Y me quieren asesinar?” ¡Quién aguanta semejante imbécil mirándose el ombligo!

Todo para llegar al episodio de dos drones, por demás sospechosos, ¿producto del desespero de unos compatriotas convencidos de que de la tragedia venezolana no es posible salir por las buenas, sino por las peores? ¿Una patraña más para una eventual noche de los “cuchillos largos” a la bolivariana?

El detonante pudo haber sido la exposición al ridículo. No hace falta ningún dron. Suficiente un triquitraque para contemplar a los supuestos garantes de la ROBOlución, como esa clase de roedores, que saltan, los primeros, por las bordas. Por eso había la necesidad de atribuirles a los demás las cobardías propias. ¿Y quién mejor para difundir el video con que se pretendió estigmatizar al diputado Luis Requesens? A todo un campeón de la valentía. Nos referimos, al mismísimo ministro que vimos, en vivo y directo, huyendo, despavorido por las calles de Ciudad México, dejando a su anciana madre a merced de unos pretendidos agresores.

Hasta la irrupción de la gavilla que nos desgobierna, los venezolanos habíamos sido más subdesarrollados que el llamado mundo desarrollado –valga el aparente oxímoron– en materia de tal especie de atentados. EEUU registra los de Lincoln, Garfield, McKinley y Kennedy, así como casos de violencia política individual, equiparables a magnicidios, contra, el hermano del último de los nombrados, Martin Luther King, Reagan y Malcom “X”. En cuanto a Europa, tan solo en los siglos XIX y XX, fueron enviados al otro mundo el francés Carnot, la emperatriz austríaca Zita y Francisco Fernando, archiduque de Austria-Hungría, además de los primeros ministros españoles Antonio Cánovas y Carrero Blanco. Habría que contabilizar, también, los intentos de eliminación de Juan Pablo II, Bismark, Hitler, Napoleón I, Napoleón III y algún otro que se nos escape. Entre nosotros, por el contrario, el homicidio de nuestro Delgado Chalbaud fue accidental. El intento contra Betancourt fue planificado por extranjeros y en el frustrado ametrallamiento de Carlos Andrés Pérez, su esposa, hijos, nietos y bisnietos, el cuatro de febrero de 1992, tampoco participó ni un solo compatriota. ¿Matar mujeres, hijos y nietos del adversario político? Eso no es cosa de venezolanos, más allá de que por alguna arbitrariedad geográfica, determinado canalla haya nacido en Sabaneta.

En lo que sí hemos sido prolíficos es en lo que se relaciona con los “cuentos chinos magnicidas”. Excusas, como parece ser el presente caso, para reprimir, para adular o algo todavía más fatuo: teatralizar la tragedia que significaría el asesinato del hombre providencial, sin cuya conducción sabía, la patria se perdería de manera irremisible.

González Guinand, más áulico que historiador, habla no de uno, sino de cuatro complots para eliminar a Guzmán Blanco. La prensa oficialista de tiempos de “El Cabito” narra la inverosímil intentona del 27 de febrero de 1900 para tirotear y apuñalear a Cipriano Castro, a quien "el inesperado ataque no logró alterar la serenidad de espíritu” al extremo que salvó al pretendido perpetrador, un humilde panadero, de ser linchado por el populacho. Joaquín Crespo, habría salido ileso de un dudoso cañonazo, en Maiquetía, cuando se disponía a embarcarse en el vapor “Libertador”. Sobra decir que según los chupamedias de siempre, Crespo se comportó en el lance “como todo un valiente” y hasta salvó a su familia.

“El primer sospechoso de un crimen, es quien se beneficia del mismo. El criminal siempre regresa a la escena del crimen”. Eso lo sabe cualquier detective. Tal es nuestro aporte al esclarecimiento del mencionado misterio. En cualquier momento presenciamos a la supuesta víctima del atentado del 4 de agosto ahí, en la avenida Bolívar, a la espera de una pedrada salvadora. Todo vale para salvar su insalvable desprestigio.

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