“La Venezuela de la transición de Pérez Jiménez a Betancourt, no el país demolido de hoy, como tampoco el Gral. de Michelena, se compara a quien tenemos en Miraflores, que ni sabemos su lugar de natalidad…”

El Padre Luis Ugalde ha sido enfático que Venezuela debería ir a un gobierno de transición que tituló “Larrazábal II”, esto es, “una figura que asuma la responsabilidad del Ejecutivo nacional, proclamando ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional…” La transición ha venido tomando terreno en el debate político. En lo personal considero que es anacrónico e inadecuado hablar de transición. De lo que cabe hablar es de una inmediata y súbita refundación republicana y la restitución del Estado democrático y de derecho.

Nos dice el Padre Ugalde: “Para salir de este régimen sin esperanza hace falta cuanto antes un gobierno nacional de transición que tome de modo excepcional medidas de emergencia y convoque elecciones democráticas, previo saneamiento con remoción de los ilegales magistrados del TSJ y de los miembros serviles del CNE. Urge madurar un gobierno de transición saliendo del actual Ejecutivo deslegitimado” Y agrega: “Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas”-sic-. Pareciera una aseveración sin discusión. Pero saltar a un gobierno de transición, distanciando elecciones, pienso que sería peligroso. La gente quiere cambio ya, y quiere votarlo. Más frágil sería una transición no votada y de camarillas. Los pactos vendrán después…La transición política clásica supone coparticipación en el “gobierno de unidad nacional” del régimen depuesto. Y después de casi 20 años de devastación, criminalidad, saqueo republicano, usurpación, mentiras y quiebre constitucional, permitir una transición con el chavismo más idealista del socialismo del siglo XXI, es ingenuo (y torpe).

Lo vivido es una experiencia inédita en Venezuela y Latinoamérica. A partir de la toma del poder de Maduro, su gobierno degeneró a un punto que no descansa en una caracterización “elegante” de dictadura. Es un melting pot de muchos vicios más. Al decir de Manuel Felipe Sierra, “las transiciones no se decretan, ni son expresión de buenos deseos, sino la evolución de procesos históricos”, por lo que salir de la era Chávez-Maduro, no pasa por una transición transaccional. Un verdadero salto al progreso, al orden y la modernidad, demanda una ruptura radical con el pasado, siendo el chavismo una continuación sodomizada y bacanal del reparto irresponsable, celestino e impune de la petro-demagogia clientelar, de los 70 y 80.

Con todo el respeto al padre Ugalde y a quienes acuñan la tesis de "La transición" como arboleda bajo la cual debamos cabalgar, les ruego no confundir pacto de gobernabilidad, con transición de gobiernos. Son dos figuras absolutamente diferentes. Lo primero es propio de pactos refundacionales de repúblicas democráticas y liberales. Lo segundo admite participación del régimen saliente. Muchas dictaduras en la región terminaron súbitamente, cómo la de Juan Velasco Alvarado y Jorge Morales en Perú, y el proceso constituyente de 1979, que trajo una nueva constitución y el regreso de Fernando Belaúnde Terry, depuesto 10 años antes. Cómo la dinastía Somoza y la entrada del pacto Chamorro-Sandinismo, donde no cabía un milímetro de Somocismo...Cómo la implosión de la Dictadura de Videla en Argentina, y el llamado a elecciones del Gral. Bignone, que condujo la llegada de Alfonsín a La Casa Rosada (1982) y donde no hubo un ápice de transición con la dictadura sangrienta. O el fin de Alberto Fujimori quien renunció en el 2000, dando paso al gobierno provisional de Valentín Paniagua y la elección de Alejandro Toledo en Julio de 2001. (Fujimori aún sigue en la cárcel). La Venezuela de la transición de Pérez Jiménez a Betancourt, no fue la Venezuela demolida de hoy, como tampoco el General de Michelena, se compara a quien tenemos en Miraflores, que ni sabemos lugar de natalidad a cabalidad…

Otros casos en Latinoamérica si fueron transiciones mutantes, como el paso de la dictadura de Castelo Branco a Tancredo Neves (1985); la “dictablanda de Rojas Pinilla al Frente Nacional de Colombia con Laureano Gómez (conservador) y Alberto Lleras Camargo (liberal), liderando el pacto de Benidorm y Sitges; el consenso chileno que habilitó la salida por referéndum de Pinochet (1988), en momentos que Chile aun reconocía los avances vividos en la dictadura del carabinero, o el Pacto del Club Naval (Uruguay), acuerdo alcanzado por los máximos jerarcas militares y representantes de los partidos Colorado, Frente Amplio y Unión Cívica (1984) que posibilitó la presidencia democrática de Sanguinetti.

El totalitarismo no tolera transición (El universal http://www.eluniversal.com/.../totalitarismo-tolera). Sería un espejismo, una ilusión, una candidez. El propio Chávez se alejó de toda transición a su proceso. Y convocó un Referéndum constituyente (que no existía en la constitución del 61), complacido por una magistratura cortesana. Muy fácil -por cierto- recibe la oposición a personajes del chavismo (incluso en partidos de corte social cristiano). La amnistía y el perdón llegarán...Pero después que se haga justicia y se desempolve el país. Por lo pronto lo que cabe es mesa rasa y reinicio ipso iure, del orden republicano restituido y legitimado mediante elecciones generales. Después nos sentamos…

@ovierablanco

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