En mi precedente columna: “IDEA y la OEA, ante una amenaza de la historia” hablo de la misma historia para traer hasta el presente lo fatalmente olvidado por las generaciones del presente, a saber, la denuncia que hace el presidente Rómulo Betancourt en 1964, para dar cuenta de la voraz maldad, de la soberbia codicia del régimen cubano de los Castro. Desde entonces medra éste interesado en la conquista de Venezuela, y la logra. Busca desde entonces sujetarla como perro de presa y disponerla a su servicio, a la manera de un puente, para expandir, usando de su petróleo y dineros, la revolución marxista y divisora de voluntades que cubre a buena parte del continente después de 1999.

Desde México, los exjefes de Estado y de Gobierno de Iniciativa Democrática de España y Las Américas subrayan lo más penoso y obligante en el caso venezolano, a saber, que tras el remozado y engañoso molde Castro-cubano con su pórtico socialista del siglo XXI, emerge ahora su esencia, el constructo, que no es otra cosa que una suerte de perro de Hades, un Can Cerbero que cuida con sus tres cabezas las puertas del infierno venezolano, víctima de secuestro por el narcotráfico, y en lo adelante con su nuevo adefesio, la narco-para-constituyente.

Cerbero ayer se ocupa de las puertas del inframundo griego para que los muertos no salgan y los vivos no entren. Hoy lo hace para impedir que, en el inframundo de Venezuela, ni los dueños ni los beneficiarios directos o indirectos del cártel que conducen Nicolás Maduro, sus ministros, sus jueces, sus rectoras electorales, puedan abandonarlo una vez llegados al hartazgo, y para evitar que los denunciantes de sus muchos crímenes de lesa humanidad, anunciadores de un tiempo de civilidad distinto de la barbarie, puedan romper con sus luces el círculo de oscuridad dominante.

Ese Can Cerbero, sin lugar a dudas y sin dudas de ningún género o especie, es la para-constituyente imaginada por esa triple alianza, el eje La Habana-Caracas-Bogotá, con la que intentan blindar de un modo definitivo y bajo desesperación el negocio del mal que los ata; para alejar todo peligro que los amenace hacia el porvenir, como el que le significa antes la derrota de los acuerdos envenenados de las FARC – orientados a asegurar el dominio final del narcotráfico sobre la política en la patria de Santander, centro de producción – y el que le significa, en la hora actual, la desestabilización de su centro de gestión y distribución más importante, sito en la patria de Bolívar y fuente de estabilidad para el taimado gobierno cubano.

No por azar Maduro, a quien algunos de sus observadores tachan de torpe y por su proverbial incultura, afirma, sin ocultar su hilaridad, que los puntos cardinales son cinco.

¡Y es que a los cuatro conocidos –el norte o la ayuda humanitaria de las víctimas del hambre, el sur o la libertad de los presos políticos, el este o el respeto a la voluntad popular sita en la Asamblea Nacional, y el oeste o las elecciones generales como destino para la renovación de la vida democrática en el país- le agrega a propósito ese cardinal quinto dominante, su narco-para-constituyente!

¡Y es que cree, él mismo, a pie juntillas, que de lograrla e instalarla, e imponerla contando con la fuerza de la violencia sistemática y generalizada que ejerce con sus “tonton macoute” –guardias nacionales y paramilitares- todo lo prometido en la espuria mesa de diálogo que regentaran Zapatero y Samper, y que da lugar al reclamo severo del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de Papa Francisco, será pronto letra muerta, cosa del pasado, olvidada!

La narco-para constituyente es la asamblea de accionistas del cártel de Maduro. Y ella purgara a los suyos, a quienes les pierda la confianza, incluidos quienes se le opongan, señalándoles a todos de “enemigos del pueblo”, como ocurriera en la extinta Unión Soviética; les llevará a manicomios como lo pide Pedro Carreño y lo practicara la República Federativa Socialista de Yugoeslavia. No habrá más presos políticos y tampoco necesitados de ayuda humanitaria, pues los políticos y quienes protesten por sufrir de hambre o carecer de medicinas, serán declarados judicialmente dementes.

No habrá, pues, necesidad de diputados y tampoco de un Ministerio Público. Y las elecciones, por burguesas y antiguallas representativas, quedaran como cuestión superada. El orden será otro, muy distinto, si lo logran.

Nadie recordará los diálogos que nos trajesen hasta este punto ominoso y de no retorno. Los arrepentidos serán sumados a la legión de inhábiles, a esa lista de muertos civiles que se inaugura con las listas de Chávez y nuestros inhabilitados opositores. Y de la MUD no habrá restos, pues se ha iniciado ya su cadalso con el carcelazo preventivo del que sabe bien de matemáticas electorales, por ende, peligroso para el Estado narco-para-constituyente en cierne, Roberto Picón.

Hay al acecho una fecha mefistofélica, el 30 de julio, y un mal absoluto cuyas tinieblas y ciénagas, con sus decenas de muertos y miles de víctimas horadadas en su integridad o privadas de libertad, comprimen los espacios del inframundo madurista. Ojalá llegue a tiempo un exorcista, que sea sensible a la bondad hecha futuro, la de nuestros jóvenes protestatarios quienes ofrendan su vida en holocausto.

Es casualidad o un signo providencial que El Vaticano, al apenas iniciarse la tragedia de Venezuela y para América Latina, en 1999, haya hecho imprimir en cuero rojo y presente actualizado el Manual del Exorcista. Tiene apenas 84 páginas. Contiene un rito lapidario que inicia y concluye lapidariamente: “Satán, te ordeno… Vete, Satán”.

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