@luisleonelleon

“Es un día alegre y triste para los cubanos libres. Alegre por motivos obvios: desaparece el dictador que ha destruido la nación cubana, fusilado, asesinado, torturado y envilecido la vida moral del país, y obligado a escapar a millones. Pero también un día triste porque se impone recordar a los que murieron sin llegar a ver este día. Hemos esperado más de medio siglo. Invoquemos a las víctimas del castrismo y regocijémonos y bailemos por fin sobre la tumba del asesino”, dijo desde su exilio en Barcelona el escritor y pintor Juan Abreu, quien en los últimos años se ha dedicado a pintar casi 400 rostros de cubanos fusilados.

“La única tristeza que me provoca es que no pudimos llevar a este asesino a un tribunal internacional para que fuera juzgado por sus crímenes de lesa humanidad. Su muerte abre una ventana de luz para el pueblo de Cuba, una esperanza para su libertad. Su muerte significa el final de un mito y la posibilidad del fin de la dictadura más antigua de nuestro hemisferio. El mundo debería ser solidario con los esfuerzos libertarios del pueblo cubano dentro de Cuba y en el exilio. Para Cuba ya es hora”, afirmó la escritora y activista Janisset Rivero, exiliada en Miami.

“En agosto de 1961, mis padres, mi hermana y yo, junto a otros compatriotas, escapamos en un barco secuestrado hacia la isla de Jamaica. A través de este largo exilio, hemos esperado esta noticia, la muerte del tirano. No celebramos su fallecimiento, al contrario, nos sentimos tristes, abochornados y decepcionados. Con su tardía partida, no se ahuyentan las muertes, las ruinas, las injusticias, los odios, las venganzas, los robos, ni las desesperanzas de la mayoría del pueblo cubano”, lamentó desde Manhattan el director y dramaturgo Iván Acosta.

“Ya veo a la gente justificándose por la alegría de asistir a la muerte de un monstruo. ¿Pero alguna vez ese monstruo pidió perdón o justificó alguno de sus crímenes? Entonces, cubanos y cubanas, gocen en paz, que los muertos sólo resucitan en la memoria de aquellos que los sueñan. Festejemos y olvidemos su nombre. Lo peor para los tiranos es el poder discreto de la indiferencia. Siempre he vivido en el futuro sabiendo que todos estos años han sido un desperdicio de soberbia y deshumanización. De estos bárbaros tropicales, quedará sólo el recuerdo de las ruinas que construyeron con la violencia perpetrada contra su propio pueblo”, expresó el dramaturgo cubano, exiliado en parís, Joel Cano.

Por su parte el músico Jorge Arronte, desde el restaurante Versailles, advirtió: “La juventud celebra efusivamente. Se pudo ver en la TV y redes sociales la gran cantidad de jóvenes. Para los que dicen, intentando denigrar, que sólo es el “exilio histérico” se reúne ahí a pedir un cambio, ahí está la realidad: la mayoría de los que están en el Versailles son jóvenes. Y es lógico, ha sido un dolor transmitido de generación en generación. Fue un traidor, traicionó a todos, manipuló a su antojo a seguidores de ideas lindas y a quien le hizo sombra y desechó cuando no le convino”.

“Aún yace en cada cubano o no cubano borrego que sostiene la dictadura más longeva de la Tierra, en el país más suicida del hemisferio occidental y el quinto país más suicida del Mundo. Todo ello forma parte de la misma agenda apocalíptica del lado oscuro de la gozadera. La desaparición física de alguien tan abyecto no le hace pagar lo que nos hizo, aunque algo es algo. Donde tenemos que atrevernos a apuntar para que mueran los Castro en realidad. Hasta que no exista ni un sólo ápice, ni un sólo rescoldo, ni un átomo de nuestro ser, nuestro pensamiento y nuestra alma, donde pueda cobijarse por imperceptible que nos parezca semejante monstruo. Nadie se desprende de ese estúpido regazo sin un puñetazo en el rostro de la piedad. Nadie aprende nada en esta vida sin un varapalo en el ego, y sus creencias, filias, incluso fobias. Pues a veces las fobias alimentan por oposición a lo mismo que niegan”, desde Miami reflexionó el músico y pintor Adrián Morales.

Por su parte, el Movimiento Cristiano de Liberación, declaró: “Un hecho biológico se ha producido en Cuba. Sabiendo la importancia que puede tener el fin de los días del tirano mayor, no depositamos la esperanza de cambio en ello pues esto nos llevaría a esperar que la trasformación democrática dependa, entonces, del próximo hecho biológico. En Cuba se está gestando (con el beneplácito de las democracias occidentales) lo que Oswaldo Payá denominó un “cambio-fraude”, que consiste en la sucesión de la dinastía actual hacia una junta económico-militar que pretende mantener sus privilegios sin permitir el ejercicio pleno de los derechos de los cubanos. El MCL lleva más de 28 años trabajando por que se produzcan cambio verdaderos a través de la participación ciudadana, y reclama hoy más que nunca, tal y como recoge la iniciativa Un cubano, un voto para la celebración de elecciones libres y plurales”.

Aunque de inicio el régimen no permitirá relajamiento de su control, más implacable aun es la marcha del tiempo. La era de la revolución cubana inexorablemente se desvanece ante nuestros ojos”, dijo el analista Randy Espinet desde el Sur de Florida.

“Debió haber muerto en el ataque al cuartel Moncada en 1953, o en algún momento antes de que pudiera instaurar la más feroz tiranía del hemisferio occidental. Nunca debió ser de muerte natural y en su cama. Su muerte ahora tiene un significado simbólico, espiritual, porque cierra una época que incide en lo nacional cubano pero que es internacional. Los siglos, las eras, no cierran cronológicamente, el siglo XX inicia con la Primera Guerra Mundial y termina en 2016 con la elección de Donald Trump, el Brexit en Reino Unido, el NO en Colombia a la componenda de paz con las FARC en La Habana y ahora con la muerte del tirano isleño”, afirmó el escritor Armando De Armas.

Fidel Castro fue el más brutal y destructivo de los tiranos en la historia de Latinoamérica. Su legado es una absoluta destrucción económica, presidios políticos, asesinatos, exilios en masa, brutal discriminación ‘apartheid’. Los cubanos garantizaremos que su nombre sea una mala palabra por los siglos de los siglos para nuestro pueblo. Su desaparición era necesaria para que el horror del presente pueda terminar y el futuro de Cuba pueda comenzar”, comentó el excongresista Lincoln Díaz-Balart.

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