El 2016 ha sido vital denunciando y poniendo en evidencia a los gobiernos dictatoriales del socialismo del siglo XXI (SSXXI) con sus características de violación de derechos humanos, corrupción y narcotráfico, ineptitud, crisis económica, control absoluto del poder, atentados contra la libertad de prensa y ausencia de Estado de derecho. Comenzamos un nuevo año con la oportunidad de concretar la recuperación de la democracia en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, manteniendo atención a las amenazas que sufre Colombia. Las condiciones políticas de las Américas son favorables para que el 2017 sea un año de resultados concretos en la lucha por la democracia.

El enemigo de la democracia en las Américas es el SSXXI, proyecto iniciado el año 1999 cuando Hugo Chávez, en busca de estabilidad, entregó a Fidel Castro la riqueza del pueblo venezolano para reactivar las fracasadas y delirantes acciones sesentistas de foquismo comunista y antiimperialista, disfrazado de populismo, al que inicialmente denominaron proyecto bolivariano, que terminó construyendo un sistema de gobiernos dictatoriales que han llevado crisis, confrontación, miseria, corrupción, narcotráfico, vinculaciones terroristas, exilio, presos políticos, persecuciones y todas las características dictatoriales que los latinoamericanos considerábamos superadas en la región.

En la sociedad Castro-Chávez el liderazgo público fue asumido por el aportante del capital, Hugo Chávez, y con las capacidades subversivo-políticas del castrismo introdujeron inestabilidad política, derrocaron gobiernos y crearon o recrearon liderazgos en los países-objetivo. Con petróleo y dinero venezolanos, con Petrocaribe y acuerdos bilaterales, compraron la voluntad y los votos internacionales de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos y controlaron la Organización de Estados Americanos (OEA) para neutralizarla y destruirla, a tiempo que creaban nuevos organismos subregionales; organizaron un sindicato de votos que les dio mucho poder en la Organización de Naciones Unidas (ONU), al extremo de imponer la vergüenza de que la dictadura cubana participe del sistema de protección de derechos humanos.

Cuando murió Chávez, la dirección pública y estratégica, todo el poder del SSXXI quedó en manos de Cuba, con la notable consecuencia de que la dictadura más antigua y dura de las Américas asumió el liderazgo político latinoamericano. Pronto se evidenció un sistema neocolonial y de imperialismo castrista en el que Venezuela quedó convertida en el principal país de suministro, con Nicolás Maduro como gobernante títere impuesto por el nuevo centro colonial instalado en La Habana. Ecuador, con Correa; Bolivia, con Evo Morales; Argentina, con los Kirchner, Brasil, con Lula y Rousseff, y Nicaragua, con Ortega, quedaron convertidos en estados tributarios -vía corrupción y entreguismo- de la dictadura castrista triunfante, mientras el resto de los países de la región asumían posiciones de complicidad y diversas forma de sometimiento para proteger su estabilidad interna de amenazas del poder castrista. Cuando Honduras defendió institucionalmente su democracia, un sistema internacional controlado por la dictadura castrista, lo llamó golpe de Estado. Cuando venezolanos, ecuatorianos y bolivianos defendieron sus derechos, quedaron convertidos en criminales, presos políticos y exiliados. El exilio cubano se convirtió en exilio latinoamericano con venezolanos, bolivianos, ecuatorianos y hasta colombianos.

Este apretado resumen de casi 17 años de abusos, destrucción institucional e ignominia internacional, se empezó a revertir por la lucha de mujeres y hombres que denunciaron, resistieron, arriesgaron sus vidas y patrimonio, y continúan luchando por recuperar la democracia. Los abusos y violaciones del SSXXI son tan evidentes que ni siquiera la complicidad internacional, el control de medios, la utilización política de los sistemas judiciales e ingentes millones de dólares gastados en relacionistas públicos y lobbies transnacionales logran tapar la corruptela, construcción de narco estados, auspicio al terrorismo ni violaciones a los derechos humanos. El fracaso del modelo castrista es tan estrepitoso que las dictaduras del SSXXI no tienen posibilidad alguna, pero en su agonía son muy peligrosas.

Los dictadores del SSXXI en Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua saben que el destape del “lava jato” desde Brasil los descubre y pondrá en evidencia la mafia internacional de centenas de millones de dólares que montaron con una lista de empresas constructoras que va más allá de Odebrecht. Un ejemplo de este terror es la penosa actitud de Correa y su gobierno en Ecuador, que ha emitido un comunicado público anunciando que no aceptará acusaciones en este caso, con lo que ha confesado anticipadamente su implicación criminal, mientras tiende una cortina de humo con una nueva ola de persecuciones políticas a título de lucha contra la corrupción…, pero ya nadie le cree y en el 2017 perderá el poder y posiblemente la libertad.

La situación de las economías en los países del SSXXI es de crisis y el 2017 va para peor. Desde las extremas de Cuba y Venezuela hasta la maquillada de Bolivia, donde el dictador cocalero, luego de sostener que no hay crisis, terminó el año pasado con la declaración de su ministro de Economía expresando que “estamos muy contentos…, la gente no ha sentido para nada la CRISIS”. O el delirante dictador Maduro con su juego de billetes, o su canciller que “agradece a Cuba”. NO tienen salida y lo saben. Sus acciones en materia de narcotráfico y su relación con las FARC son hoy una prueba más de que se trata de regímenes criminales.

Solo hay que persistir. La verdad, los principios y los valores están de parte de los defensores de la libertad y la democracia. ¡El 2017 es un año de resultados!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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