viernes 6  de  marzo 2026
OPINIÓN

La zanahoria y el garrote

Dijo Trump ayer que "Cuba va a caer, también". Y enseguida dice que su relación con Delcy es excelente. No hay que leer entre líneas, lo dijo abiertamente. Nosotros, los libres, esperábamos que les dieran garrote. Y no, zanahoria para los burros.

Diario las Américas | Omar Sixto
Por Omar Sixto

El otro día les hablaba del milenario cliché de pan y circo en torno a los estertores —de los que somos testigos en estas semanas— que está experimentando la moribunda, pero no vencida, Junta Militar de Barrigones que desgobierna lo que queda de Cuba. E increíblemente hoy veo que la política, si es que hay alguna, o las acciones y actitudes de la administración Trump hacia estos ineptos se corresponden con otro cliché que ya tiene al menos doscientos años.

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Es un cliché que no solo funciona en política, sino también en los negocios, y hasta en la educación. Ya saben cuál es; me refiero al muy anglosajón cliché de la zanahoria y el garrote. El ejemplo más común es el de un burro al que se le pone una zanahoria frente a su cabeza, directamente en la línea de mirada de sus ojos y del olfato de su hocico, mientras se le dan unos garrotazos en el culo.

Literal.

Por un lado, el jumento quiere avanzar hacia la zanahoria que tiene enfrente, algo así como los cubanos durante décadas decían avanzar hacia el futuro luminoso que les prometía Fidel Castro. Y por mucho que lo siguieran, el futuro, como la zanahoria, se mantenía siempre en eso: futuro prometido.

Por el otro lado, con un chuchazo en la grupa el animal estaba compelido, obligado, a avanzar. Esta parte de la receta también es muy conocida por los cubanos. El Orador Orate se pasó más de sesenta años repartiendo palos y balas a quienes no quisieron unirse a su terca búsqueda de un futuro imposible.

Y hablando de burros, ya saben a quiénes me refiero, a los burros ineptos y malignos que hoy forman parte de la caquistocracia de Barrigones que hoy desgobierna lo que queda de Cuba. Ustedes conocen mis dudas sobre la perseverancia y las intenciones de Trump hacia esa Junta Militar, pero de que los tiene en su lista de pendientes, los tiene.

Y al pasar de las semanas, al mismo tiempo que vemos concesiones que nos hacen dudar de su compromiso sincero con la libertad de Cuba, nos deja ver otras que nos refuerzan la convicción de que algo está pasando.

De las concesiones ya hemos hablado aquí. La administración Trump ha permitido que un barco de la dictadura cargue gas en Venezuela, ha mantenido los vuelos comerciales desde Estados Unidos a Cuba, ha autorizado al “sector privado”, que pertenece a la misma dictadura o está al servicio de ella, a importar combustibles y todo tipo de productos para su venta en Cuba.

Concesiones que contrastan con la impresión inicial de que su postura para desaparecer a esta pandilla de empobrecedores asesinos iba a ser frontal, sin negociaciones de por medio. Quizás esperábamos algo así como la extracción de Díaz-Contados y el Marrano y luego sí una negociación con la desmoralizada cúpula castrista.

Pero no. Negociaciones dicen que tienen, no han extraído ni a un sargento, les dejan cargar gas y barcos y aviones que regresan a la isla cargados de combustibles y productos, no para los cubanos cautivos, sino para ellos y su élite.

Dijo Trump ayer que "Cuba va a caer, también". Y enseguida dice que su relación con Delcy es excelente. No hay que leer entre líneas, lo dijo abiertamente. Nosotros, los libres, esperábamos que les dieran garrote. Y no, zanahoria para los burros.

Zanahoria para esa élite, que hoy debe estar más tranquila de no tener que estar defendiendo su propia existencia física, sino más bien su dinero, sus propiedades y la comodidad de su futuro en esa Cuba que se negocia. Una "adquisición amistosa", dice Trump.

El garrote todavía aparece de vez en cuando. La importación de combustibles autorizada a ese “sector privado”, este tiene prohibido hacerla a través de los bancos de la dictadura. Es un garrote pequeño, puesto que buena parte de ese “sector privado” lava sus dólares en el sistema financiero internacional. Como esos que entregan alimentos y productos a domicilio en Cuba, pero reciben las órdenes y el pago aquí en el exilio. Dinero que en su mayor parte se queda aquí, guardadito para su futuro.

Otro pequeño garrote, más psicológico que otra cosa, es la reapertura del caso contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate hace treinta años. Reapertura treinta años tarde, cuando este viejo ya es una piltrafa nonagenaria camino a su ridícula tumba. Sigue siendo igual de perverso y acomplejado, pero, por ley de la vida, la lenta mano de la ley de los libres no lo alcanzará vivo.

No digo que este tipo de presión no sirva. Sirve para acosar a sus herederos, a sus hijos y a sus nietos. Herederos del dinero y de parte del poder.

Filtran al The Miami Herald que se negocia entregar a Díaz-Contados como ficha de esa negociación. Como si ese pelele valiera o significara algo más que la cara visible de la hiedra totalitaria. Hombre, que a mí me encantaría verlo llorando y meándose al lado de Maduro. Lo disfrutaría mucho, y su humillación significaría mucho para nosotros, aunque serviría también de justificación del fracaso para los que se queden en su lugar. Ya ha pasado antes.

Los garrotazos que vemos son más bien como palmaditas en el culo de esos burros. Que si Honduras canceló el programa de médicos esclavos, o que si Ecuador sacó a patadas a los representantes de esos burros. Cosas así, periféricas.

La dictadura, sin embargo, sigue aplicándoles garrotazos a los cautivos de la isla. Ayer los tenía en un apagón general, agradecible a su propia improductividad y desidia. Acusó de terroristas a los sobrevivientes de la lancha que, según ellos, cargaba más que una fragata. Lo mismo con los panameños pintacarteles.

El “sector privado” volvió a importar todo lo que quiere, pero los cautivos no pueden comprar nada de lo que necesitan. Las ciudades y pueblos siguen sin luz, sin agua y sin servicios públicos. Comprar una libra de tomates, si los encuentras, cuesta un bulto de devaluados pesos que ni la lancha invasora podría cargar.

Las montañas de basura crecen mientras los presos políticos en las mazmorras languidecen. La chica Marxlenin o Marxengels, no me acuerdo, pasea por España comiendo arroz y papas y defendiendo lo indefendible. Claudia y Lula mandando ayuda a los Panzones pedigüeños.

En fin, al día de hoy para esos Panzones vemos que la gente de Trump les está ofreciendo más zanahoria que garrote. En reciprocidad, ellos les dan a los cautivos de la isla solo garrote. La zanahoria de la esperanza de un futuro viable alguien se la comió.

Un burro se la comió.

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