Ante este escenario, el régimen castrista decidió activar la “opción cero”, un protocolo diseñado en los años 90, que castiga aún más al pueblo con medidas de austeridad extremas que implican mayores apagones, racionamiento de alimentos y combustible, y dejan a los ciudadanos sin medio de transporte y cocinando con leña, mientras se ordena el cierre de las instalaciones turísticas, con la que a medias se sostenía la economía en la isla.
En paralelo, el Gobierno estadounidense anunció un paquete de ayuda humanitaria de seis millones de dólares en suministros, entre ellos alimentos básicos (arroz, frijoles, pastas, latas de atún), kits de higiene y lámparas solares para hacer frente a los constantes apagones, que serán entregados directamente a la población a través de la Iglesia Católica y Cáritas Cuba.
Para el comandante Luis Quiñonez, exoficial de la Marina estadounidense y exasesor militar del presidente Trump, este choque entre la “opción cero” impuesta por La Habana y la asistencia norteamericana podría acelerar el desenlace de siete décadas de autoritarismo. “El plan es hacer sufrir al pueblo, es castigarlos, mientras ellos intentan robar toda la ayuda”, asegura Quiñonez en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS.
A su juicio, el endurecimiento del racionamiento y la paralización del transporte, incluido el suministro de combustible en los aeropuertos, responde más a una estrategia de desgaste de la dictadura. “Ellos pueden racionar todo lo que quieran, pero eventualmente se les va a acabar, porque al fin y al cabo, el que los mantuvo vivos a ellos por tanto tiempo fue Venezuela. Ya el sugar daddy que tenían se les acabó, porque ahora Venezuela no puede enviarles ni dinero ni combustible”, asevera.
Sin salvavidas
México -continúa- tampoco ha logrado convertirse en un sostén real: “Con la excusa de que iban a enviar combustible, enviaron diésel, y el diésel es solo para camiones de combate, no para ninguno de los autos que hay en la isla y la gente no puede cocinar con diésel, es imposible”. En este escenario, la respuesta del exoficial de la Marina ante quién podría rescatar al régimen, es categórica: “El problema que tiene (la dictadura de) Cuba es quién le va a dar el salvavidas para que sigan viviendo. Nadie”.
Estados Unidos, por su parte, mantendrá restricciones sobre cualquier cargamento que pueda reforzar al aparato militar. “Se están asegurando de que no lleguen barcos con munición, con drogas, y que no lleven nada que se pueda usar de una forma belicosa. Si es comida, si es medicina, sí; pero si es algo que se puede usar para la guerra, por ejemplo, diésel, no se les va a permitir”, explica.
En opinión de Quiñonez, la paradoja entre política extrema de racionamiento —denominada por La Habana “opción cero”— y la ayuda humanitaria de Washington, deja expuesto al régimen ante su propia población: “Definitivamente, esto solo va a demostrar y enseñar a la gente lo que ya se sabe”. Para ello, destaca que la diáspora cumple un papel fundamental en esa toma de conciencia: “Hay muchísimos familiares que se mantienen en contacto con los cubanos en la isla y les informan sobre las diferencias en el estilo de vida”.
Denuncia, además, que el régimen estaría buscando la manera de interceptar toda la ayuda que se está enviando para venderse ante el pueblo como los verdaderos salvadores. Ante esto, sostiene que se necesita una “campaña más vigorosa” que desmonte la narrativa oficialista y deje en evidencia ante los ciudadanos que la ayuda proviene directamente de EEUU para aliviar las penurias que están pasando. “Mientras el régimen esté a cargo, pueden hacerlo (imponer su narrativa), porque ahí no hay libre expresión”.
El exasesor militar crítica la postura del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha salido en defensa de la “soberanía cubana”, mientras mete sus narices en los asuntos internos de Venezuela. Indica que es un actor que “debería tener muchísimo cuidado” debido a investigaciones abiertas. “En España hay una investigación por algunos pagos indebidos, lavado de dinero… La impunidad se les está acabando. Ya vimos qué pasó con Maduro y otros personajes (como Álex Saab). Creían que estaban libres para siempre y volvieron a caer”, precisa.
Oportunidad perdida
Quiñonez también señala que Cuba intentó establecer un canal de diálogo con EEUU, pero que la respuesta de Trump fue contundente y percibida como un insulto por La Habana. Ese choque, asegura, llevó al régimen a activar su llamada “defensa nacional”, que el exasesor califica como “una pantalla y una payasería”.
Sin embargo, considera que Washington debería mantener abierta la puerta a un eventual acercamiento pragmático: “A veces hay que aceptar la mano de quien te la extiende, incluso si es tu enemigo”. Puso como ejemplo la caída del bloque soviético: “(Mijaíl) Gorbachov extendió una mano, (Ronald) Reagan se la aceptó, y veamos los cambios dramáticos que tuvimos”.
Sobre el reciente encuentro entre el Comando Sur y representantes diplomáticos estadounidenses en La Habana, Quiñonez asegura que el objetivo principal es prevenir una escalada militar interna. “Se les está diciendo que no actúen de una manera que pueda llevar a un conflicto. Que se está enviando comida para el pueblo”, explica. La reunión, según menciona, también apuntó a garantizar que las Fuerzas Armadas permitan la entrada de la ayuda humanitaria, recordándoles que sus propias familias serán beneficiadas.
El comandante fue categórico al explicar el enfoque de la administración Trump: “No se ha declarado guerra contra nadie en Cuba. Lo que se está tratando de hacer es que el régimen entienda que el deseo del pueblo es vivir tranquilo”. Agrega: Tienen que saber que no es una invasión, es estrictamente una acción para evitar que los dictadores se roben la ayuda y permitir que podamos ayudar al pueblo”.
Un cuba libre en Cuba
Quiñonez asegura que lo que hoy exhibe el régimen “no es más que la misma cantarita de estos cobardes”, una narrativa basada en fanfarronadas militares y supuestos planes de resistencia que —advierte— nunca se materializan. “Ellos pueden alegar que tienen milicias y los 'mil ancianos' que van a defender la isla, pero a la hora de la hora, estos cobardes van a ser los primeros que salen a esconderse o a entregarse”, sostiene.
Esto, recuerda el exasesor, es lo mismo ocurrió con otras dictaduras de la región: “Eso mismo dijo Maduro, lo mismo dijo Cabello… y a la hora de la hora, salen huyendo. Igual Noriega. Todos los que han caído. Es siempre la misma historia”.
Para Quiñonez, Cuba enfrenta un desafío aún mayor que otros países bajo regímenes autoritarios debido al carácter generacional del adoctrinamiento. “Los cubanos que están ahora nacieron bajo esa esclavitud, les han lavado el cerebro desde bebés”, explica. A diferencia de Venezuela, donde existía “gente que estaba todavía peleando por la libertad”, en Cuba la transformación requerirá un proceso profundo de reeducación cívica y cultural.
Por ello insiste en que cualquier transición democrática debe sostenerse sobre un plan sólido y respetuoso de las identidades: “No debemos tratar de forzar a la gente cubana a ser como los americanos. No hay nada de malo en tener dos herencias culturales. Tú puedes querer a tu madre y a tu padre por igual; ¿por qué no puedes tener dos culturas, la cubana y la americana?”.
En este sentido, subraya que la meta no es convertir a Cuba en “otra Miami”, sino garantizar “una vida libre” y que los ciudadanos sean “dueños de sus propios destinos”.
Pese a que descarta cualquier intervención militar estadounidense, al estimar que “si nos metemos a enviar tropas va a ser un resultado negativo”, Quiñonez considera que el país está “a un punto de implosión”. Señala que incluso dentro del aparato estatal empiezan a surgir fracturas: “El mismo Díaz-Canel atacó a miembros del gobierno diciendo que ellos son culpables del mal manejo. Cuando se empiezan a tirar las piedras entre ellos, sabemos que el final está muy cerca”.
Aunque reconoce que factores externos, como un eventual apoyo de Rusia, podrían alterar el ritmo del desenlace, insiste en que el desgaste es irreversible: “Cuando la gente empiece a marchar en las calles con más fuerza y más determinación, vas a ver el final de los 70 años de martirio… Yo estaría seguro de que me voy a tomar un cuba libre en una Cuba libre para diciembre de este año”.
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