Honorable Dr. Marco Rubio
Un gobierno de emergencia sin aspiraciones electorales inmediatas es presentado como la única alternativa para evitar la inestabilidad en Venezuela y recuperar la democracia.
Honorable Dr. Marco Rubio
Secretario de Estado de Estados Unidos
Washington, D.C.
Estimado Sr. Secretario de Estado:
Nací en Washington, en el Hospital Militar Walter Reed. Me gradué de bachiller en Arlington, Virginia. Por lo cual tengo una estrecha relación histórica con Estados Unidos, país al que aprecio y admiro. Le escribo respetuosamente para advertirle sobre el grave riesgo de que el plan de tres fases impulsado por Estados Unidos para Venezuela fracase de manera estrepitosa si no se adoptan oportunamente las medidas correctivas que las nuevas circunstancias exigen.
Tras la captura de Nicolás Maduro, los venezolanos contentos y esperanzados, toleramos al régimen interino de Delcy Rodríguez, confiando en que, bajo el tutelaje de Estados Unidos, sería posible iniciar el camino hacia la recuperación de la democracia. Sin embargo, esa expectativa se desvaneció tras los terremotos del 24 de junio. Una vez más, el régimen abandonó a las víctimas a su suerte, permitiendo que muchas perdieran la vida e incluso obstaculizando las labores de rescate emprendidas por equipos internacionales.
Los acontecimientos del 24 de junio y de los días posteriores pusieron fin a la tolerancia hacia el régimen interino y agotaron la paciencia de los venezolanos. Como consecuencia, existe un alto riesgo de que se produzca un estallido social, independientemente de que María Corina Machado regrese o no al país. El inmenso dolor de quienes lo han perdido todo, sumado a la percepción de un régimen insensible y ajeno al sufrimiento de la población, está generando una fuerza social indetenible, capaz de poner en peligro la estabilidad que tanto esfuerzo ha requerido construir durante los últimos seis meses.
En estas circunstancias, la única alternativa para evitar una explosión social sería sustituir al régimen interino por un gobierno de emergencia integrado por venezolanos de reconocida competencia, sin aspiraciones electorales inmediatas. Su misión consistiría, en coordinación con Estados Unidos, en dirigir la reconstrucción nacional, brindar garantías a la inversión extranjera y, una vez restablecidas las condiciones institucionales, convocar elecciones libres y transparentes.
La historia de Venezuela demuestra que, en momentos de crisis, la figura de un gobierno de emergencia ha permitido encauzar exitosamente procesos de transición. Un ejemplo de ello fue la Junta Patriótica que asumió el poder en 1958 tras el derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez y condujo la transición hacia el período democrático más prolongado de la historia contemporánea del país. Confío en que esta ocasión no será la excepción.
Permítame concluir expresándole que el Escudo de las Américas constituye, a mi juicio, uno de los mayores aciertos estratégicos de las últimas décadas, al ofrecer un mecanismo eficaz para enfrentar a los carteles de la droga y al crimen organizado transnacional. Esta iniciativa pronto contará con la adhesión de los gobiernos de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella.
No obstante, si el régimen interino permanece en el poder, existe el riesgo de que esta valiosa iniciativa fracase, pues el chavismo intentará sabotearla desde las sombras para favorecer los intereses del narcotráfico. Por el contrario, un gobierno de emergencia que inspire confianza permitiría a Venezuela incorporarse plenamente al Escudo de las Américas y combatir contra estos flagelos, junto con las demás naciones del continente.
Sin otro particular, y quedando a su disposición para ampliar los planteamientos aquí expuestos, le reitero mi agradecimiento y mi más alta consideración.
Muy atentamente,
Alejandro Peña Esclusa