MIAMI.- La guayaba, una fruta tropical, apetitosa, con una carne más suculenta que la manzana del pecado original, se convierte en el motor que desata las historias de la novelaEl mordisco de la guayaba”, de la escritora venezolana María Eugenia Mayobre.

Publicada por Penguin Random House bajo el sello Plaza & Janés, y también traducida al francés, la novela seduce al lector entre pasiones desenfrenadas y una especie de maldición que afecta a varias generaciones de mujeres.

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Ante la inminente locura, Primitiva de los Angeles Serapio, que es también la impetuosa Mulatona Montiel, narra la historia de las mujeres de su familia, quienes pierden el juicio tras relacionarse con un poeta que se antoja, él mismo, una fruta apetecible y a la vez traicionera.

En “un pueblo perdido de Latinoamérica”, Primitiva, que desde los ocho años se rebautizó como Mulatona, es un mismo cuerpo con dos personalidades. Primitiva, Mulatona, o las dos, se adentra en su pasado para contar cómo el poeta sacudió los cimientos femeninos y desató las más intrincadas locuras en su bisabuela Yolanda, su abuela Cornelia, sus tías Santa y Berta, su madre y en ella misma.

Tras un mordisco a una guayaba y una aventura con un marinero desconocido, Julia, la madre del poeta, inicia una maquinaria de un reloj que transita por cuatro generaciones de mujeres. Desde la bisabuela Yolanda hasta llegar a la propia Primitiva/Mulatona, esas hembras están predestinadas a fallar, a enamorarse.

“El mordisco de la guayaba” posee un cuidadoso poder de síntesis: lo que la autora no dice el lector se lo imagina, en tanto las situaciones son hiladas con precisión. Con un tono coloquial, la trama se deslinda en dos segmentos narrados en paralelo y en varias etapas de la vida de Primitiva/Mulatona.

La autora logra descripciones muy visuales, tanto que muchas veces uno se puede sorprender imaginando escenas de una película. En esta novela hay, por ejemplo, un trío amoroso con tono de incesto, signos oscuros pintados con luces caribeñas, y dictados familiares tan absolutos que pueden llevar a una mujer a clavarse un cuchillo en el corazón, en medio de una reunión familiar, para que no se cumpla su miedo a morir sola.

Primitiva/Mulatona llega para quedarse en el universo fememino de la literatura latinoamericana, donde lo insólito cae en la historia como un hecho natural; un universo de mujeres fuertes, mágicas y muchas veces desdichadas, pero siempre con personalidades inquietantes.

“A los hombres no les gustan las mujeres más inteligentes que ellos"

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La escritora venezolana María Eugenia Mayobre.

La escritora venezolana María Eugenia Mayobre.

María Eugenia Mayobre ha vivido en Venezuela, Francia, Italia y España. Estudió comunicación social en Caracas y luego cursó un máster en comunicación y educación en Barcelona. Tiene estudios de guión en Emerson College, en Boston, donde reside. Ganó el premio de la I Bienal de Novela de Ediciones B Venezuela (2016) con “El mordisco de la guayaba”. Esta novela también ha sido publicada en francés por el sello NiL Editions. Su novela “Es que tengo hambre” estuvo entre las 10 novelas finalistas al Premio Planeta 2017.

Trabaja como editora, productora, locutora y directora de mercadeo en la empresa Linguistica 360, que cuenta con programas de noticias en español, francés, italiano y alemán.

Entrevista

La autora respondió a varias preguntas de DIARIO LAS AMÉRICAS.

-¿Qué te llevó a escribir esta historia, hay algo de biografía familiar o propia...?

Un escritor que me gusta mucho, Orham Pamuk, dijo una vez en una conferencia a la que lo fui a ver: "primero decidí que quería ser escritor, luego decidí sobre qué quería escribir". Me identifiqué mucho con eso porque mi proceso fue similar. Escribo desde que tengo memoria, pero nunca había escrito una novela y en el año 2007, recién mudada a Boston, decidí hacerlo.

El reto creativo que me planteé fue: ¿puedo justificar que cuatro generaciones de mujeres pierdan la cabeza por un mismo hombre? Se han visto historias de dos, quizás hasta tres generaciones, pero cuatro? Me pareció de plano tan inverosímil, que sentí divertido aceptar el reto. Por allí comenzó. El personaje de Primitiva/Mulatona se me ocurrió un día en la playa muchos meses después, cuando ya llevaba la novela por la mitad, pero me gustó mucho y decidí reescribir todo con ese nuevo giro.

No es una historia autobiográfica, aunque en todo lo que escribo siempre terminan saliendo elementos personales, es inevitable. El deseo de escapar, los preceptos absurdos de sociedades muy conservadoras, ver cómo mujeres que conoces lo sacrificaron todo por un hombre, en lugar de buscar su independencia —en lugar de tener un ingreso y un cuarto propio, como sugería Virginia Woolf en 1929, aunque ese concepto aún no ha llegado a muchos lugares—, etc.

Mi abuela realmente me aconsejó, con todo el cariño del mundo, creyendo honestamente que era por mi propio bien: "mija, deje de leer tanto, que a los hombres no les gustan las mujeres más inteligentes que ellos". Y así vivían (y aún viven) muchas mujeres, con un concepto de pareja más basado en la sumisión o en la división arbitraria de roles que en el trabajo en equipo.

Aunque soy venezolana, la novela no se consigue en Venezuela. Ganó la I Bienal de novela de Ediciones B Venezuela en 2016. El premio incluía la publicación de la novela (fue una iniciativa muy buena para apoyar a escritores nuevos), pero por la situación del país, la editorial se fue en el 2017 y la novela nunca se publicó allá.

-¿Hay algo que estés escribiendo o un proyecto entre manos?

Siempre estoy escribiendo algo. Es una necesidad. Mensualmente publico cuentos en Bandapalabra, un colectivo de escritores regados por el mundo (España, México, Alemania, etc).

Mi segunda novela toca el tema de la eutanasia, el suicidio asistido y el derecho a una muerte digna. Esa novela fue una de las 10 finalistas del premio Planeta en 2017.

Una productora en Hollywood está trabajando en la adaptación de “El mordisco de la guayaba” a serie de TV y el proyecto parece ir bien encaminado.

Ahora estoy trabajando en mi tercera novela, en la que dos personajes femeninos, cada una en un extremo, se conocen y poco a poco entablan una curiosa amistad: Una mujer desesperada por tener hijos (no le encuentra sentido a su vida sin la posibilidad de la procreación) conoce a una chica 10 años menor que ella que es miembro del movimiento voluntario por la extinción de la humanidad (es un movimiento real). Entre otros muchos temas (inmigración, soledad, etc), se toca el dilema de traer hijos al mundo en un planeta sobrepoblado.

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