Por Aldo Menéndez

Ya se siente en el ambiente que nuestra ciudad se apresta para las grandes ferias de arte, que como Basel nos visitan el último mes del año, trayendo y reuniendo aquí a vanguardias mundiales. A la par, se desarrolla un tipo de movida impulsada por las galerías afincadas permanentemente en Wynwood y en el Distrito de Arte, que anticipándose, aprovechan esa atmósfera para elevar el rango de sus propuestas, ayudando a convertir nuestros barrios en importante vidriera de las artes visuales. Sobran las opciones, pero confieso que acabo de descubrir un nombre conocido Eduardo Lira Art Gallery, se trataba del dealer chileno Eduardo Lira, que en el 2003 abrió su primera galería en Santiago, y doce años después la de Miami. Siendo la primera galería en representar arte chileno asociado con otras relevantes figuras latinoamericanas, sumando ya 30 exposiciones (de 150 creadores).

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Plenamente posesionada en la zona, Lira Gallery, exhibe su exposición Que tal raza!, expresión peruana, que remite en esencia a la injusticia: “…ese antivalor enquistado en la cultura local, y porque no, en la mayor parte de Hispanoamérica (…), detonante principal del proceso migratorio hacia una sociedad mas justa, Estados Unidos en nuestro imaginario (…), en busca de una tierra que otorgue oportunidades por el talento y el esfuerzo, sin importar la geografía originaria, condición social o contactos”, así lo explica en el catálogo el propio Lira.

Fue un curador cubano, Daniel G. Alonso, quien cuidó la selección de las dos exposiciones individuales que se presentan -ambas de innegable calidad-, la una de Rafael Lanfranco y la otra de Aisha Ascóniga (Lima, Perú, 1989).

Es de esta mujer, de su obra, de la que voy a hablar en específico, partiendo del hecho de que conozco desde antes a la persona y sus propuestas, relacionadas con expresiones que me son afines. En su caso, apunta el curador, ella genera: “…un mapa cartográfico que separa nuestro mundo interior del exterior”. La piel a manera de metáfora: “que le permite crear todo un discurso sobre las complejidades y los diferentes problemas de la identidad”.

Para Aisha, la piel equivale al discurso superficial de la sociedad de consumo, dermis a manera de envoltorio de un ser ahora vendible –consumidorproducto-, haciendo del individuo un artículo negociable. Foucault señala que antes hubo un capitalismo que cubría necesidades reales de la sociedad, hoy para consumir lo que se produce, se crean necesidades artificiales. Lo banal es epidérmico como el actual culto al cuerpo, hedonismo que Aisha representa con rostros de mujer divididos en cuadros, que recuerdan la cuadricula renacentista, la cual permitió a la pintura ser aun mas fiel a la morfología del modelo; por ello nada mejor que valerse del testimonio fotográfico, del collage y el fotomontaje, unidos a efectos pictóricos atmosféricos gestuales y texturas. Féminas que posan en esteriotipadas actitudes comerciales, rasgos publicitarios del realce, que prometen una cosmética exultante y glamorosas cirugías estéticas, reciclados por la artista en su obra Rituales de belleza:

"Soy consciente –expresa Aisha-, de que como mujer occidental, también formo parte del sistema que cuestiono, pero asumo la práctica artística desde la experiencia cotidiana y desde los objetos que se relacionan con el cuerpo, la belleza y el consumo".

Aldo Menéndez

Artista visual, crítico de arte y curador independiente

artsituation@gmail.com

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