En un país en el que Lionel Messi y su selección de fútbol acaparan constantemente los titulares de prensa, puede resultar complejo surgir. Eso aplica incluso para otros jugadores de primer nivel en el balompié. Entonces, ¿qué puede quedar para un grupo de chicos que tratan de ganarse un nombre golpeando una pelota con un bate en lugar de con los pies?
Quizás para ellos se trate de hacer las cosas a la inversa. Ganar renombre en el exterior, para luego reclamar la misma atención en su propia casa. Un torneo como la Serie de las Américas, que se disputó hasta este pasado viernes en Venezuela, luego de que el país fuera despojado de la sede de la Serie del Caribe hace varias semanas, puede ser una opción interesante para conseguirlo.
"Un torneo así, para nosotros los argentinos, es una gran vitrina", reconoció el joven receptor Felipe Villasanti. "No solo para poder jugar en MLB o en su sistema, sino también para poder hacerlo en la liga venezolana, panameña, colombiana, nicaragüense, en todos lados".
Si bien la cultura venezolana ha impactado de forma considerable el interés por jugar pelota en Argentina, la creencia de que toda la selección de ese país estuvo conformada por inmigrantes de la única nación sudamericana en donde el béisbol es el deporte principal es totalmente errada.
Villasanti, de 20 años de edad, es una de varias pruebas de eso. Con el tradicional acento argentino, este pelotero amateur explicó cómo intenta aprovechar esta oportunidad internacional, en un certamen que además de Argentina disputaron Curazao, Panamá, Colombia, Cuba, Nicaragua y el local Venezuela, para mejorar y, ¿por qué no?, llegar al profesional.
"En general es un torneo con un nivel muy alto, muy bueno. Uno como pelotero sueña con jugar con gente como esta", aseguró el careta, que pudo compartir con algunas de las grandes figuras del campeonato, como los venezolanos Rougned Odor, Renato Núñez, Felipe Rivero y Tucupita Marcano. "Jugar a su nivel y tener la oportunidad de enfrentarlos es algo hermoso para muchos de nosotros que somos amateurs", añadió.
El no tener la etiqueta de profesional viene con muchas vicisitudes que van más allá del desempeño en el terreno. Villasanti, al igual que muchos de sus compañeros, tiene un trabajo regular, ajeno al béisbol, que le permite ahorrar dinero para poder costear sus viajes locales e implementos requeridos para jugar.
"Estos tipos son impresionantes", contó Yaferson López, un lanzador venezolano que emigró a Argentina hace ocho años atrás y que defiende los colores de su país adoptivo en esta Serie de las Américas. "En mi caso yo vivo 100% del béisbol, pero ellos trabajan ocho horas al día, después de eso van al estadio y entregan todo, para luego ir al gimnasio a entrenar. Se acuestan a las 12-1 de la madrugada cuando llegan a sus casas. Son impresionantes, tipos que se fajan. Tienen muchas carencias porque a ellos en los viajes no les pagan nada. Ellos pagan sus cosas en todos los torneos. Es difícil estar aquí, son tipos que se fajan mucho".
Solidaridad de los anfitriones
Pero por irónico que pueda escucharse, esa situación puede haber creado el momento más emotivo de todo el campeonato.
El pasado viernes 6 de febrero, en la segunda jornada del certamen, Argentina se enfrentó al gran favorito y anfitrión, Venezuela, en el Estadio Monumental Simón Bolívar de Caracas, una de las dos sedes del torneo junto con el Fórum La Guaira de Macuto.
Los locales se llevaron la victoria, tal como era de pronosticarse, por marcador de 7-2; sin embargo, podría decirse que el verdadero triunfo llegó minutos después, cuando los jugadores venezolanos, todos profesionales y muchos con experiencia en las Grandes Ligas, se acercaron a los argentinos para saludarlos y preguntarles si necesitaban algo.
Núñez y Rivero, ambos con largas carreras en el béisbol que en su momento desembocaron en la gran carpa, les dieron obsequios a Villasanti y López.
"Después de que terminó el partido, Renato me dijo que tenía algo para mí", recordó Villasanti. "Me pregunté qué sería, aunque lo que fuera me venía bien porque todos los materiales que tenemos los compramos nosotros, de nuestros trabajos. Ahorramos mucho para poder hacerlo. Llegar al clubhouse y que me haya mandado unos spikes o ganchos (zapatos para practicar béisbol) fue algo hermoso, un detalle increíble que habla de su humildad, porque no tiene por qué hacerlo. Nunca me pasó antes en la vida y estoy muy agradecido con él", añadió.
Ahora, con nueva indumentaria, recuerdos y experiencias, la meta se mantiene en hacer crecer el béisbol en la tierra de Messi.
"Obvio sueño con llegar a las Grandes Ligas, es lo que más quiero. Pero si no soy yo, lo que quiero es que un chico argentino firme y llegue lo más lejos posible", concluyó Villasanti.