El desgaste del modelo socialista como sistema de Gobierno que desfavorece a su pueblo es evidente, pese a los intentos de reanimación cíclica y regional que esparce en todo el mundo.

El continente americano sigue siendo una tierra fértil para el cultivo de estas semillas de falso progreso, con resultados estériles que solo provocan la auto castración de sus progenitores con el transcurrir del tiempo.

En Estados Unidos, la nueva administración en la Casa Blanca se ha enfocado en mirar de cerca a Latinoamérica al reconocer la pieza fundamental que representa en la geopolítica esta región como puerta de entrada a estrategias de alianzas de fortalecimiento global.

En Junio de 2017, el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, se reunió en Miami con los presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador en la Universidad Internacional de Florida (FIU, por sus siglas en ingles). En este encuentro, la Cumbre de Prosperidad y Seguridad del Triangulo Norte, se actualizaron las políticas de Washington en el reconocimiento de Centroamérica como potencial socio continental.

Las distancias geografías se acortaron en ese foro cuando en la discusión fue mencionado el riesgo de Venezuela y la inestabilidad que mantiene esa nación, cuyos efectos colaterales reducen la tolerancia de países vecinos.

El espectro de la izquierda socialista reduce su alcance de manera evidente. No por casualidad, el secretario Tillerson insiste ahora en conversar con mandatarios latinoamericanos con una gira en el hemisferio.

La careta de presidente democrático que usaba Nicolás Maduro le fue arrebatada por sus propios hechos y por los de sus cómplices, todos integrantes del gran cártel del petróleo y la cocaína.

Mientras este ocupante de Miraflores persiste en impulsar una agenda de violencia, intimidación regional y paternalismo barato, otros gobiernos se fortalecen con apuestas al diálogo sincero.

Así sucedió en Honduras, donde el presidente reelecto, Juan Orlando Hernández, abrió las puertas a la conversación diáfana de los sectores polarizados y lograr el encuentro de todos los “catrachos”.

El discurso de toma de posesión de Hernández en enero de este año es prueba de que la voluntad política para recuperar la tranquilidad de una sociedad en tensión es necesaria y oportuna para dar el primer paso a la reconciliación.

Un “proceso de sanación”, así fue definido por el mandatario el camino de su nueva administración, valorando la importancia de los jóvenes como fuerza trabajadora a la que hay que apoyar con financiamiento de proyectos de producción. En Honduras creen en la nueva generación con la que cuentan para fortalecer el futuro de una economía que ofrece su mercado interno laboral para el ingreso de empresas foráneas.

Esto ocurre en Centroamérica pero al mismo tiempo, en Venezuela, se desprecia la aspiración de crecimiento profesional y se le da la espalda a miles de nacionales de ese país que se marchan de su tierra natal, sin muchas esperanzas de trabajo seguro.

El escenario centroamericano para el sector laboral abre la ansiedad de quienes creen en la posibilidad de generación de unos 600 000 empleos, de acuerdo al presidente Hernández. Además, no se olvidó en su alocución de los hondureños que están fuera de esa tierra, por quienes se comprometió a luchar por una eventual extensión de medida de TPS, o lograr una legalización de estatus inmigratorio en Estados Unidos.

Las conversaciones con Tillerson en Miami durante la Cumbre, además de lo sostenido con el general John Kelly, quien acudió a esa importante reunión de 2017 como Secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos y ahora ejerce la jefatura de Gabinete de Donald Trump, se reflejan en el discurso de Hernández sobre la visión hacia la seguridad.

Los cuerpos policiales hondureños realizan prácticas anuales en Estados Unidos en materia de tácticas de asalto, rescate de rehenes y policía comunal, como parte de una alianza con el Departamento de Estado. Estas piezas son fundamentales en el fortalecimiento de la seguridad para la población de ese país.

El crimen organizado y la neutralización de las bandas de extorsión son el foco de esta administración para garantizar la tranquilidad de una población que apuesta a la paz.

Esta oportunidad de reconciliación entre elementos en conflicto debería ser ejemplo en Caracas para repetir un modelo de acuerdo verdadero, con reconocimiento de errores e integración política para la oposición. La práctica violenta de un sector adverso, amenazante y con expresiones destructivas, es exportada desde Venezuela, solo que en ese país cuentan con el financiamiento y la cooperación oficial.

Vale la pena prestar atención a estos ejemplos de esperanza de tranquilad emergente, con unos hondureños demandantes de paz. Una agenda similar en todo el eje latinoamericano, sin duda, extirparía a esa izquierda nociva, que parece moribunda pero aún apesta.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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