La cultura tributaria de un país puede hablar mucho de los valores de su sociedad, y aunque no está exenta de conflicto, los impuestos han existido prácticamente desde el comienzo de la civilización.

La manera en que una sociedad comparte sus ingresos está inspirada en la fórmula costo - beneficio.

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En Estados Unidos, la cultura del gravamen se remonta a la época colonial. Y cuando Gran Bretaña impuso pagos muy altos a los colonos, desde el té hasta los periódicos, la mayoría se opuso y protestó bajo la consigna "no hay impuestos sin representación", y el resto es historia.

A principios del siglo XX, el impuesto sobre la renta gozó de un apoyo renovado y en febrero de 1913 se ratificó la Decimosexta Enmienda a la Constitución, otorgando al Congreso la facultad de gravar la renta de las personas físicas. En 1914, la Oficina de Rentas Internas publicó el primer formulario de impuesto sobre la renta llamado Formulario 1040.

La Ley de Ingresos de 1916 inició la práctica de ajustar las tasas impositivas y las escalas de ingresos.

Y es que la tributación ha estado ligada desde entonces al principio de la implementación de políticas públicas para el beneficio colectivo.

Más de un siglo después, el presidente Joe Biden busca lo que sus dos predecesores inmediatos, Barack Obama y Donald Trump, no lograron: impulsar un programa de renovación y modernización nacional de la infraestructura, utilizando una tasa impositiva sobre las corporaciones.

Estados Unidos es el país más rico del mundo, pero según la Casa Blanca ocupa el puesto 13 en cuanto a la calidad de su infraestructura.

El millonario plan contempla una inversión de 2.3 billones de dólares, que Biden espera financiar con un incremento tributario corporativo del 21% al 28 por ciento.

Al llamado Plan de Empleo Estadounidense le costará encontrar consensos en el Congreso, tomando en cuenta que el anterior presidente, Donald Trump, redujo los impuestos corporativos para impulsar los negocios y la economía y evitar que las empresas estadounidenses trasladaran sus operaciones a países con tasas impositivas más bajas.

Biden, por su parte, ha puesto sus planes de infraestructura en la cima de sus prioridades nacionales, como parte de la recuperación económica.

Tras su paquete de estímulo de 1.9 billones de dólares para superar los efectos de la pandemia, Biden ha elegido comenzar su presidencia con algunos de los programas de mayor gasto y aumento de la deuda desde las reformas de bienestar social, del presidente Theodore Roosevelt hace un siglo.

El aumento del impuesto corporativo planificado por Biden ha sido duramente criticado por los republicanos.

El senador Mitch McConnell, líder de la minoría del Senado, aseguró que no habría apoyo para el proyecto de Biden.

El propio Mitt Romney, el único senador republicano que votó en contra de Trump en sus dos juicios políticos, desafió a Biden a honrar su promesa de priorizar el bipartidismo sobre la división política.

El Senado cuenta con 50 demócratas y 50 republicanos, dejando a la vicepresidenta Kamala Harris, quien también es presidenta del Senado, la responsabilidad de desempatar cualquier votación si es necesario.

En la Cámara de Representantes, los demócratas tienen una pequeña mayoría de 219 representantes demócratas frente a 211 republicanos.

El argumento de la administración es que este programa generará nuevos empleos.

La creación de nuevos puestos de trabajo podría servir de incentivo para que legisladores republicanos, cuyos distritos enfrenten elecciones de medio término, voten a favor.

Mientras tanto, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, anunció que Estados Unidos impulsará en el G20, que reúne a los países más industrializados del mundo, un acuerdo global para establecer un impuesto a la renta empresarial, sobre la base de una mayor igualdad de condiciones para empresas multinacionales, luego de que algunos críticos han alertado que aumentar los impuestos a las empresas estadounidenses las haría menos competitivas en comparación con las de otros países que han recortado sus tasas.

Biden logró la aprobación de su paquete de estímulo por la pandemia, sin contar con ningún voto republicano, ahora la pregunta es ¿se repetirá la historia?

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