“Nosotros seriamente tendimos nuestras manos a nuestros hermanos árabes en paz. Pero hemos retornado a Jerusalén para nunca sepáranos otra vez”. Estas fueron las palabras de Moshe Dayan, Ministro de Defensa de Israel, el 7 de junio de 1967, al finalizar la Guerra de los Sietes Días con la liberación de Jerusalén.

Cincuenta años y unos días han pasado desde las declaraciones del ministro Dayan y la soberanía de Israel sobre Jerusalén es socavada por algunos mandatarios. El Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, ha tenido que mantenerse filme y fiel a los principios de soberanía, independencia y el derecho a la existencia de su nación y dar sabias repuestas a las intromisiones injerencistas de algunas personalidades mundiales, como el presidente francés Emmanuel Macron. Esto fue, a la vez, un mensaje patriótico a Federica Mogherini, Alta Representante de Política Exterior de la Unión Europea, y a gobernantes de naciones europeas y otros países del mundo.

Pero leamos, la lección de historia de Netanyahu contra la censura francesa: “¿Dónde más está la capital de Israel que en Jerusalén? Jerusalén no ha sido capital de ningún otro pueblo. París es la capital de Francia. Jerusalén es la capital de Israel. Ha sido la capital de Israel por sobre 3000 años. Ha sido la capital del Estado de Israel por 70 años”.

Jerusalén, en 2 554 años entre 587 a.C., caída de la ciudad ante el Imperio Caldeo (neobabilónico), hasta su liberación en 1967 d.C. fue parte de varios imperios y su gobierno regido desde las capitales de estos. Al menos, desde 15 capitales fue gobernada, entre ellas están: Susa, 539 a.C., Pella, 323 a.C.; Tebas egipcia, 320 a.C.; Alexandria, 300 a.C.; Antioquía, 198 a.C.; Roma, 63 a.C.; Bizancio, 324-629 d.C.; Damasco, 660 d.C.; Bagdad, 750 d.C.; Cairo, 878 a.C., 1098-1260 d.C.; Kerak, 1239 d.C.; Alepo, 1249 d.C.; Estambul, 1517-1917; Londres, 1917-1948; y Amman, 1948-1967.

Por otra parte, Jerusalén fue capital de los judíos por más de 650 años y de los Cruzados por 188 años, instauraron el Reino de Jerusalén, con la participación de nobles y soldados cristianos de los diferentes reinos europeos. Por supuesto, estos no eran una identidad nacional, se identificaban por su religiosidad: cristianos; en la actualidad todavía no se ha concretado su nacionalidad a pesar de los pasos en la Unión Europea. Pues, razón tenía Netanyahu, la ciudad judía no ha sido capital de otro pueblo. Sin embargo, desde 1948 es capital del Estado de Israel.

Los diferentes califatos que ocuparon la ciudad de Jerusalén nunca le dieron importancia en el liderazgo político y la dirigieron desde otras capitales. El Califato Omeya, capital Damasco, 661-750 d.C., vasto imperio musulmán que se extendía desde el río Indo, Oriente Medio, norte de África mediterránea y atlántico hasta la Península Ibérica. Sustituido por el Califato Abasí, capital Bagdad, 750-1258 d.C., de menor extensión que el de los omeyas, ocupaba el actual Irán, regiones al norte de Persia y Cáucaso, Oriente Medio, norte de África hasta Argelia, las islas de Malta, Córcega, Chipre y Sicilia. Este se desintegra en varias identidades regionales, pero para este estudio solo nos interesan los que ocuparon Jerusalén: los califatos Fatimí y Abasí.

El Califato Fatimí, capital en Mahdia (Túnez), 909-1171 d.C. y después en El Cairo, 1261-1258 d.C., gobernó todo el norte de África, desde la actual Marrueco hasta las franjas del mar Rojo en la Península Arábica y Levante mediterráneo, también la isla de Sicilia. El califato Abasí dirigido desde El Cairo, 1261-1517d.C., nombrado los Mamelucos, finalizó su independencia al ser integrado en el Imperio Turco Otomano, 1517-1917 d.C.

Existen otros datos históricos de importancia en relación con Jerusalén. La emperatriz romana Flavia Iulia Helena, madre del emperador Constantino el Grande, cristiana, visitó Jerusalén e indicó la construcción de la Iglesia del Santo Sepulcro en el monte del Calvario y la Iglesia de Eleonor en el monte de los Olivos (326-335 d.C.). En el Templo del Monte, en ese momento estaban derribadas las estructuras civiles y solo persistía el Muro Occidental, edificó la Iglesia de la Virgen.

En realidad, no existe evidencia histórica de que el profeta Mahoma haya visitado Jerusalén. El Profeta era iletrado y se recopilaron sus ideas por escrito en el Corán después de su muerte. El nombre de Jerusalén no aparece escrito ni una sola vez en el Corán; sin embargo, aparece mencionada 699 veces en el libro judío de la Torá. A la muerte de Mahoma en 632 d.C., Jerusalén era una ciudad cristiana del reino Bizantino. Que no fue conquista hasta 6 años después del deceso del inspirador del islán (638 d.C.); por lo que no existía ninguna mezquita en el Monte del Templo ni en la ciudad sino hasta 80 años después en que el templo cristiano, Iglesia de la Virgen, es convertido en mezquita Al-Aqsa y también se construye la Cúpula de la Roca (685-691 d.C.).

La sacralidad de Jerusalén ocupa el primer lugar para el pueblo judío. No solo como capital de Israel sino por ser el fundamento de identidad más profundo de su pueblo. La esencia misma de su nacionalidad judaica. Esta es la capital del único estado libre y democrático del Oriente Medio.

La visión de estadista del presidente Donald Trump lo llevó a tomar el liderazgo en un tema espinoso de forma ético-moral correcta, heroica y políticamente magistral. Por eso Trump fue el primer presidente americano en el cargo en visitar el Muro Occidental en Jerusalén y la integralidad de la ciudad capital de Israel. La decisión de Trump sobre Jerusalén es la nueva Declaración de Balfour, que asegura por siempre la existencia del Estado de Israel y su capital, eterna, indivisible y judía, Jerusalén.

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