Para Maduro fue un punto cerrado no conceder condiciones y garantías electorales a la oposición durante los diálogos en Santo Domingo. Ello contemplaba un cambio proporcional entre los 5 rectores del Consejo Nacional Electoral, auditorías del registro y sistema electoral y eliminar las inhabilitaciones a dirigentes nacionales y partidos políticos de la oposición.
Las aspiraciones opositoras en Santo Domingo y los facilitadores internacionales se encontraron con una pared intransigente ante el escenario electoral que hizo inviable alguna negociación con el régimen madurista.
Ante el fracaso de esa gestión auspiciada por los países democráticos quedó abierto el dilema de ir o no a las lecciones adelantadas, convocadas abruptamente para abril por la fraudulenta Asamblea Constituyente.
Ya es un hecho que los partidos mayoritarios no asistirán a la convocatoria electoral pero queda la gran duda en muchos sectores si ese es el camino más acertado para producir un cambio en el país.
La comunidad internacional ha manifestado que no reconocerá esa elección y gremios, analistas, e instituciones venezolanas han emitido una postura similar. Pero al lado de ello un país aplastado por la crisis aguarda con resignación una postura unitaria que sea capaz de enfrentar a un poder, que más que un Gobierno, se trata de una aparato político y económico que se ha apoderado del país y de sus riquezas.
Desde que el chavismo asumió el poder nunca hubo “condiciones electorales” transparentes para la oposición. Sin embargo en los primeros años el margen de participación permitía ciertos intersticios. Ello fue así hasta que en diciembre de 2015 el chavismo perdió el Parlamento frente un abrumador triunfo opositor que ganó la mayoría.
En adelante el propio Gobierno sugirió que no habría otro evento electoral mientras no aseguraran el triunfo. Por ello cuando se lanzó la Constituyente el Gobierno se deshizo de los servicios de la empresa tecnológica electoral, Smarmatic y contrató otra firma ligada a Jorge Rodríguez, uno de los dirigentes de mayor influencia en la cúpula madurista y quien llevó las posturas fundamentales durante el diálogo en Santo Domingo.
La declaración de la firma Smarmatic, señalando la alteración de los resultados, los cuales fueron inflados, luego de una jornada electoral de centros vacíos y calles desiertas, generó un desaliento en los electores, en la dirigencia opositora. Al mismo tiempo la llamada “salida” que acompañó las movilizaciones en los meses anteriores y la lucha de calle, se transformó en la fuga de cientos de miles de jóvenes hacia los países vecinos.
Podría decirse que en medio de un país en la “carraplana” el madurismo ha triunfado. Logró el desaliento masivo. Promovió la división en la oposición y le quitó a la dirigencia democrática una estrategia para sacarlo del poder.
Lamentablemente ese es el escenario que se abre frente a las elecciones convocadas para el mes de abril.
Pero ello no quiere decir que el madurismo está sólido y tiene el camino abierto para permanecer en el poder.
Las medidas económicas en contra de las figuras más importantes de la revolución han sido un duro golpe. Es de recordar que la mayoría de esa cúpula maneja grandes fortunas que están siendo congeladas en el exterior y la movilidad de éstos y sus familiares se ha restringido.
En lo interno, la mayoría de la población se muere de hambre y de enfermedades. Los barrios populares, que han sido aliados del régimen y han sido pasivos en las protestas de calle, son hoy una bomba de tiempo.
A lo interno del chavismo el pesimismo hace estragos, los sectores medios del partido comienzan igualmente a emigrar y las corrientes internas protagonizan enfrentamientos.
La crisis igualmente llegó a las fuerzas militares y policiales. El deterioro ético de los uniformados se ha extendido a todo el país y de ellos, sólo una cúpula vive en la opulencia a la vista de los excluidos que ven morir su nivel de vida.
La oposición, en la que se incluye a radicales, abstencionistas o moderados, han asumido cada etapa de la lucha como un punto definitivo. Divididos entre sectores y pequeños partidos, cada uno con su vocero, cada uno con una estrategia individual, han colocado sus posturas personales como punto de honor perdiendo eficacia.
Aún sin haber condiciones y el peligro inminente del fraude, las elecciones convocadas arbitrariamente, pueden ser un escenario efectivo para movilizar a la población decepcionada en función de la necesidad de un cambio, aún cuando al final se ejecute el fraude.
Igualmente podría ocurrir con la abstención. Podría ser un factor para producir una gran movilización por el cambio siguiendo las recomendaciones de la comunidad internacional de denunciar tales elecciones y acompañar a la población en sus demandas.
De lo que se trata es de comprender que solo una estrategia unida puede permitir avanzar en el juego del poder. Los venezolanos esperan por una dirigencia unida y no individualidades haciendo declaraciones geniales.