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MIAMI.- La venezolana Julieta Salas de Carbonell (Caracas, 1939) es una de esas personas con las que da gusto conversar, no solo por su carácter amable, sino por la cantidad de historias que atesora.

En una amena conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS la escritora afirmó que no imaginaba que terminaría escribiendo las memorias de su familia.

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“Mi familia es de escritores y de libros, tenemos al escritor Mariano Picón Salas, por ejemplo. Yo siempre tenía el gusanito de escribir pero nunca me había atrevido. Un día me decidí a escribir mi primer libro sobre la historia de mi familia de Mérida. Lo hice para que mis nietas gringas no olvidaran sus raíces”, dijo sobre el libro Caminos y fogones de una familia merideña (2009), que se puede leer de forma gratuita en este enlace.

Su pasión por la Biología y la literatura son evidentes cuando se remonta a su juventud y narra sus aventuras por la selva, además de los desafíos de su esposo Luis Carbonell Parra para descubrir, clasificar y proteger áreas naturales venezolanas, entre las que destaca el extenso río Orinoco, una maravilla que por estos años se dilapida, según afirma Julieta, en manos de un régimen que ignora el impacto ambiental de las extracciones de oro.

De este y otros temas la escritora ha investigado para realizar sus libros, que parten de una intención por rescatar la memoria familiar y también del amor que siente por su tierra: Venezuela. A partir de la tradición doméstica de contar historias se valió en su libro El misterio de las fuentes, donde hizo una especie de homenaje a su esposo, con el que tuvo, como asegura, “toda una vida de aventuras” en un matrimonio que duró 60 años.

“Son las memorias de mi marido, que nunca las quiso escribir. Pero de noche, cuando nos sentábamos a cenar y para que los niños comieran en paz, él nos contaba historias. Todas las noches había una historia nueva, y si se portaban bien había una historia al día siguiente. Luego me eché un buen puñal de historia patria porque tuve que estudiar mucho”, declaró.

En este libro se enfoca justamente en el río Orinoco y en cómo un grupo de científicos iniciaron en 1951 una romántica expedición que marcaría un antes y un después en los anales de la ciencia, tras ubicar el punto dónde nace este río tan importante.

Tal y como dijo a este diario, “mi marido, Luis Carbonell, tenía gran cantidad de historias que contar, porque fue el médico que acompañó a la expedición franco-venezolana que estuvo nueve meses en la selva y determinó en nuestro mapa de Venezuela, en la Guayana, en qué lugar están las fuentes del Orinoco. Eso era muy importante para el país porque no estaba todavía delimitada la frontera con Brasil. Era una expedición romántica que el gobierno de Venezuela propició para traer esta región al país. Y esta expedición logró que el país se interesara por el Amazonas”.

Inspirada principalmente en las memorias de su esposo, la autora evoca los relatos de la intimidad familiar y el orgullo por las riquezas naturales de su país. Lo hace, quizás, movida por aquella afirmación del escritor Alejo Carpentier, que una vez señaló que “el Orinoco es una materialización del tiempo en las tres categorías agustinianas, tiempo pasado (el tiempo del recuerdo), tiempo presente (tiempo de la intuición) y tiempo futuro (tiempo de la espera)”.

La memoria es, justamente, un pilar fundamental en la obra de Julieta. Apela a los recuerdos, a los fragmentos de su apasionante vida rescatados durante su extensa investigación, y también se basa en conversaciones, entrevistas y una minuciosa revisión bibliográfica que le permitió engarzar los relatos de su esposo con el contexto social e histórico.

“Recuperaron el territorio para el país y trajeron hallazgos para la ciencia en flora, fauna, minerales. Trajeron las noticias del hierro y diamantes que había. Pero también para nuestro gran dolor trajeron noticias del oro, que ha sido la maldición de esa región, porque una cosa es hacer un poquito en un río para sacar unas pepitas de oro y otra es lo que ahora han hecho, que han destrozado la selva; hasta en las fuentes del Orinoco hay garimpeiros sacando oro. Eso es tierra de nadie, porque se lo dieron a los chinos, a los rusos, y antes estaban con los canadienses”, denunció Salas de Carbonell.

El Orinoco, el cuarto río más grande de la región sudamericana y el tercero más caudaloso del mundo, que nace y se ubica en su mayor parte en Venezuela, es un ecosistema frágil y el hogar de muchísimas especies. Su impronta ha llegado al cine, a temas musicales y a la literatura. El Himno Nacional de Colombia lo menciona en una de sus estrofas.

Pero aunque este majestuoso tesoro natural parecería invencible, un enorme peligro le acecha: la explotación desmedida de sus recursos, sin importar las consecuencias ambientales.

“He podido ir viendo la debacle. La primera vez que viajé por esta zona en helicóptero fue después de la época de Carlos Andrés Pérez y fuimos con mi marido que era presidente de la Academia de Ciencias. El paisaje saliendo desde Canaima, desde ese momento, era horrible, como cráteres de la Luna, de un rojo fuerte y los ríos corriendo completamente sucios de esta guerra amarilla. Eso fue hace 30 años y ahora eso está por todas partes”, aseveró la autora.

En la actualidad se explotan deliberadamente las riquezas de la región, con uso de mercurio para extraer oro y métodos invasivos que amenazan a la selva tropical húmeda. Pero no solo la extracción de oro representa un peligro para el ecosistema sudamericano.

“Hay otro problema muy grave que se llama coltán. Este mineral es sumamente importante para teléfonos, satélites, y lo recoges caminando por el río. Lo sacan por Colombia a la guerrilla y de ahí lo exportan. La Academia Nacional de Ciencias de Venezuela se encargaba de la ecología, de proteger el caimán y la tortuga del Orinoco. Pero con el nuevo régimen los han sacado de ahí. La Guardia Nacional no deja pasar a los civiles después de Cataniapo, donde terminan los raudales y te embarcas para recorrer el Orinoco hacia el sur. El régimen no quiere que sepan lo que pasa en el Orinoco”, contó la escritora.

De su libro más reciente, Vívido sur, explicó que “se basa en las crónicas que escribí para el periódico en internet Código Venezuela, donde hay historias, leyendas y mis propias aventuras en la selva. Mi primer libro fue el de la familia, el segundo fue el de Luis y ahora este”.

Sobre sus nuevos proyectos, comentó que se encuentra en plena investigación sobre sucesos históricos que, como afirma, han sido poco abordados y por ende no son muy conocidos, como el éxodo de estadounidenses a Venezuela tras la Guerra de Secesión o Guerra Civil Americana.

“Ahora estoy escribiendo un libro sobre el éxodo de los estadounidenses a Venezuela en el siglo XIX. En 1869 tuvimos el gran exilio de los sureños que huían después de perder en la Guerra de Secesión. Ellos pensaban hacer un país aparte donde pudieran tener sus leyes del sur, en Venezuela”, relató sobre su nuevo proyecto de novela.

En cuanto a la crisis que atraviesa Venezuela, donde reside, comentó que se sobrevive con creatividad, buscando alternativas.

“Sé que hay un grupo grande de venezolanos que tiene la misma pasión país que tengo yo y me da mucho gusto eso. Y qué mejor prueba que lo que está pasando allá. Hay una revolución del pueblo. La primera cosa fue que en mayo, cuando nos mandaron a votar, casi nadie votó. En las últimas elecciones en diciembre de este año fue aún peor, nadie fue a votar. Si en las otras solo el 30% votó, ahora solo fue un 10%, no les votaron ni dos millones de personas, de 18. Los venezolanos somos muy nacionalistas”, dijo la autora.

Asimismo, expresó que tiene “grandes ilusiones con mi país y pienso que va a echar para adelante. Ahora va a ser difícil porque el país está muy destruido, física y moralmente. No hay agua en Caracas porque han talado árboles en las cabeceras de los ríos, y eso no se puede hacer, porque los secas. No hay ningún cuidado. Por ejemplo, las orquídeas son especies protegidas. Antes la Guardia Nacional no permitía que arrancaran las orquídeas, pero ahora ves en Caracas gente vendiendo orquídeas que sacan de las montañas”.

Como afirmó Salas de Carbonell, “uno aprende a vivir, pero es una economía de guerra. Se depende mucho de las remesas. Pero hay una solidaridad muy grande, la gente se ayuda, se comparten lo poquito que tienen. Han sido dos cosas que han pasado, una parte de la población se ha vuelto muy pedigüeña, pero la mayoría de la población resiste y trabaja. Consigues ahora gente que hace champú, jabones, venden empanadas. Entras a Mercado Libre y encuentras de todo, baterías reparadas para carros, lo que necesites”.

Añadió que espera que Juan Guaidó logre un cambio en Venezuela. “Me parece una persona increíble. Rómulo Betancourt le dijo una vez a Fidel Castro que cuando Venezuela necesitaba libertadores no los había importado, los había parido. Pienso que mi país tiene la suerte de parir gente en el momento necesario”, afirmó.

“Guaidó ha sido como una voz de razón en el caos que es nuestra política. A este muchacho parece que la gente lo va a respetar. Si él sigue como va, creo que con la ayuda de todos, de toda la comunidad internacional y los venezolanos de a pie echaremos para adelante. Va a costar mucho trabajo, no es que se va Maduro y mañana aparece la tierra de miel y leche que ofrece la Biblia, pero somos grandes emprendedores”, finalizó.

DLA Clasificados

 

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