lunes 8  de  diciembre 2025
PERIODISTA Y ESCRITOR SATÍRICO

Echar de menos a Bush

MADRID.- Nunca pensé que echaría de menos a un tipo como Bush. Pero lo único seguro es que con él –como, probablemente, con Hillary Clinton, por ejemplo-, hoy Estados Unidos y las potencias de Occidente estarían sobre el terreno en Siria e Irak, en invasión o como quieran llamarlo, pero plantando cara a esas alimañas

Diario las Américas | ITXU DÍAZ
Por ITXU DÍAZ

MADRID.- Nadie lo entiende. Analistas, expertos, y lectores. Miles de lectores. Después de cada noticia con una nueva atrocidad del Estado Islámico, todos se preguntan lo mismo: ¿a qué está esperando el mundo para intervenir? ¿A qué? Y no hay respuesta. Un silencio que arde en el estómago, que ata la garganta, y que enfría el alma. Un silencio que abochorna, que animaliza, que lamentablemente nos define, como inquilinos de este siglo.

Nunca es suficiente la sangre derramada para los terroristas. No les llega con degollar. No le llega con esas producciones audiovisuales en las que se profundiza hasta lo más morboso en el horror. Y siempre parece haber un paso más en su asquerosa maquinaria de miedo. El martes, quemando vivo al piloto jordano. El jueves, mostrando a niños sonrientes, que asisten obligados una vez más a la ejecución, como lleva ocurriendo en Raqqa desde mucho antes de que el Estado Islámico gozara de espacio en el embellecido panorama mediático occidental. Que antes de todo esto ya crucificaban a niños y mayores, por cristianos, por fumadores, por acusaciones de espionaje, en esas glorietas en ruinas reconvertidas en patíbulos de odio y sinrazón.

Qué rápido se olvida. Pronto la operación de tetas de alguna famosa volverá a ocupar la primera plana de los periódicos y será la noticia más leída en los digitales, y no quedará hueco para la sangre derramada por miles de inocentes en Oriente Próximo, ni para los decapitados, ni para este jordano salvajemente asesinado. Al fin, todo eso ocurre a diario en un lugar del mundo que, como Nigeria y sus niñas y su Boko Haram, no es demasiado importante para nadie, si exceptuamos el petróleo y algún asunto menor. Así Occidente pude dormir tranquilo, tan sólo sobresaltado cuando alguno de los terroristas intenta llevar su basura islamista aniquiladora al corazón de nuestras ciudades, único lugar donde hasta el momento parece que estamos dispuestos a defendernos, en gravísima imprudencia estratégica ante la que los viejos militares palidecen y se frotan los ojos, incrédulos; como muchos de nosotros.

Ante la amenaza terrorista, lo más peligroso es la indefinición, que se convierte en complacencia. Para bien y para mal, Estados Unidos, por tradición y capacidad, sigue teniendo la obligación de afrontar con responsabilidad y liderazgo las grandes amenazas del planeta, tratando de alinear al resto de las grandes potencias en una estrategia común. Pocos males pueden encontrar un consenso tan inmediato como la lucha contra el terrorismo. Tan sólo se necesita voluntad, por supuesto, y un mínimo sentido de la responsabilidad. Ése del que Barack Obama carece. Ése que está haciendo de Obama el presidente más peligroso de la historia de Estados Unidos, en dura pugna con una nutrida lista de incompetentes. La indefinición de la Casa Blanca en todo lo referente al conflicto sirio e iraquí está arrastrando a todo Occidente a la indiferencia.

Naturalmente, no es responsabilidad exclusiva de Estados Unidos. Las palabras tan gruesas vertidas por Hollande tras los atentados de París, se las ha llevado el viento. De Alemania, de España, de Italia, e incluso de Reino Unido, nada se sabe al respecto, salvo la lucha desesperada que sus valientes fuerzas de seguridad están llevando a cabo dentro de sus propias fronteras, impidiendo decenas de atentados en último momento.

Las noticias que llegan de Irak y Siria resultan desoladoras. Cristianos, ciudadanos no musulmanes en general, supervivientes a la barbarie, en suma, toman la difícil decisión de armarse, para defenderse de los ataques del Estado Islámico. Son hombres y mujeres sin esperanza, que han perdido todo lo que tenían, que han visto las torturas y la muerte de  los suyos entre innombrables e infinitas humillaciones. Se arman civiles contra el Estado Islámico, como tuvieron que armarse en Nigeria los vecinos para defender sus casas ante el avance salvaje de los islamistas de Boko Haram y la incompetencia mayúscula del Gobierno.

Nunca pensé que echaría de menos a un tipo como Bush. Pero lo único seguro es que con él –como, probablemente, con Hillary Clinton, por ejemplo-, hoy Estados Unidos y las potencias de Occidente estarían sobre el terreno en Siria e Irak, en invasión o como quieran llamarlo, pero plantando cara a esas alimañas, y recordando al mundo que hasta en las épocas más infames, hay hombres buenos dispuestos a hacer algo por impedir el mal. Que al fin, duele escribirlo, pero el terrorismo islamista está ganando la batalla, sólo porque nadie se ha decidido a declararle la guerra. 

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