OPINIÓN
La mano de Dios
No es del caso abundar, en lo inmediato, sobre la anomia venezolana corriente. Sí cabe señalar, empero, que destruido como ya se encuentra el Estado y su armazón humana hecha rompecabezas, lo más gravoso es que la idea del Ser que somos está a la deriva o se revela en su falta de concreción moral histórica